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Durante
todo el mes de Abril, Andújar se convierte en un amasijo intrigante de
nervios y emociones callejeras.
En
una auténtica fiesta de clamor popular preludiada día a día en el
cuidado y embellecimiento de todos los detalles que conforman su entorno
ciudadano y callejero.
Todo
son preparativos de festín grande para unos días señalados por su
fuerza y pasión hacia un mito virginal.
Andújar
es el marco triunfal de una entrega de siglos. En ella se vive por y para
la fiesta. Y si el último domingo de Abril es el día grande, los otros
domingos, las otras semanas de los otros meses del resto del año, son un
pasillo de preparación y alternativa a todos los niveles que comportan
tan magnífica fiesta.
Muchas
son las costumbres arraigadas que pregona tal fecha. Domingos antes de la
romería, la cofradía matriz de Andújar, recorre los barrios y calles de
la ciudad con el brillo de sus símbolos alumbrados en los ojos. Sus
banderas, nubladas por el polvo de décadas, revolotean en brazos de
hombres firmes, que las mandan y agitan de forma muy peculiar. Esta
costumbre de invitación popular se conoce con el nombre de “sacar
las banderas”, que nos habrán de recordar en todas las
casas y rincones cuál es el sentido puntual del gran momento, cuál es el
motivo de tal gala y ostentación. A ritmo de tambor y de marchas
populares el ideal de hermanamiento se hace realidad, práctica sumisa e
inconsciente. Durante varios días las banderas de la hermandad no
descansan en preludiar esa arrogante inquietud, esa angustia nerviosa, ese
miedo injustificado de que su Virgen pueda hallarse solitarias y callada
allá en su santuario.
De
esta forma se cumple el rito formal de invitación que habrá de continuar
sucesivamente con múltiples formas de cariz callejero. Y si no hubiera
necesidad de e sta espera y deseo de estallido, el domingo más próximo
tiene lugar el pregón
oficial
de la romería. Por primera vez fue pronunciado en el año 1965
por don Jaime de Foxá y Torroba. Desde entonces Andújar ha visto y oído
cantar su fiesta, a sus romeros, a todas sus gentes en general, y en
especial a su sierra y a su Virgen Morena, a los más distinguidos
artistas y poetas del país.
Con
el pregón quedan abiertas las puertas de la semana grande de Andújar.
En
los próximos días todo serán manifestaciones de honor, de exaltación,
artísticas, concursos de baile y cante... De un año para otro la alegría
popular se desborda y supera a la del anterior, necesitando má rgenes más
amplios para su celebración. Los días de fiesta se ampliarían sin
limites concretos. El lunes, martes y miércoles aparecen en las calles
banderitas de colores, que de balcón a balcón pendulan
como volátiles guirnaldas al viento. Todo se marca de luces y de
adornos festivos. En las rejas de los balcones se cuelgan los mantones y
cintas de celebración; las banderas nacional y andaluza ocupan lugares
destacados en las fachadas de las casas. La arena cubre, a modo de
alfombra, los lugares del recorrido para dar seguridad al paso brioso de
las caballerías o al coqueto y tranquilo paso de burros y mulos. En este
ambiente, podemos decir que el jueves
es el día en el que culminan todos los preámbulos ciudadanos. Se celebra
la Ofrenda
de Flores a la Virgen, cuya imagen se coloca en la fachada
de su capilla de la calle Ollerías, rodeada de paneles, donde se le colma
de ramilletes de flores llevadas por gentes de todas las edades, clase o
condición, ataviados con el traje típico regional.
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